El problema de África llegará cuando el ébola deje de ser noticia

Perú fue el primer destino como misionero del delegado diocesano de misiones y canónigo de la catedral, a quien el cardenal Bueno Monreal ordenó como sacerdote el día de la Inmaculada de 1975.

Perú fue el primer destino como misionero del delegado diocesano de misiones y canónigo de la catedral, a quien el cardenal Bueno Monreal ordenó como sacerdote el día de la Inmaculada de 1975.

 

Foto: Belén Vargas

-¿Se ha adelantado, por desgracia, el Domund?

-Lo vengo diciendo desde hace días: el mejor pregón del Domund lo ha dado el padre Miguel Pajares. Él representa a los miles de misioneros esparcidos por el mundo que trabajan por los más desfavorecidos.

-¿La labor de la Iglesia en África es algo desconocido o que no interesa que se conozca?

-Para el mundo eclesial es bastante conocida. África es un continente muy pujante para el cristianismo, es el continente de la esperanza. Cuando se le pide a los misioneros que regresen, raro es el que lo hace. Quieren permanecer allí, no con la sonrisa propia de una foto, sino con la de continuar donde Cristo está coronado de espinas.

-Es difícil ser misionero en países en guerra…

-He tenido experiencias recientes en el Congo y Nigeria, países en conflicto por intereses de estados. Los misioneros pedían allí a Dios que les quitara las minas de oro y les dejara sólo la agricultura. Así se acabaría la guerra.

-¿Conoció al padre Miguel Pajares?

-No, no lo he conocido, pero sí su gran obra.

-¿A los que critican el gasto en su repatriación habría que decirles aquello de “Padre, perdónalos porque no saben lo que dicen”?

-No llegaría ahí porque creo que los que se han expresado así han sido grupos muy reducidos, radicales y extremistas. También lo han dicho algunos que no son tan radicales, pero que han preferido congratularse con unos pocos votos antes que decir lo que su corazón realmente siente. En general, la sociedad española lo ha visto como un acto de generosidad, al que estamos obligados, no por tratarse de un religioso, sino por ser humanos.

-Al igual que no todos están llamados para el sacerdocio, no todos podrán ser misioneros. ¿Qué hace falta?

-Me encanta que me haga esa pregunta. El Papa Francisco nos recuerda que por estar bautizados ya somos misioneros. Cada vez son más cristianos los que parten a trabajar con sacerdotes en las misiones y también los jóvenes que lo hacen como voluntarios durante las vacaciones. Muchos, incluso, prolongan su estancia allí.

-¿En Sevilla está despierta la vocación para ser misionero o duerme el sueño de los justos?

-En esta archidiócesis la misión está viva, y aunque ha habido años de cierta tibieza, está despertando hacia un nuevo amanecer. El auge está propiciado por el interés que se ha tomado el arzobispo de Sevilla, monseñor Juan José Asenjo, para incentivar las misiones, motivo por el cual no ha desaprovechado un minuto para incitar a sacerdotes, laicos y religiosos a partir a la misión ad-gentes (hacia fuera), un empeño que ya da sus frutos.

-¿Se necesita cierta preparación?

-La vocación misionera es un don, una gracia de Dios a la que las almas bondadosas pueden corresponder. Hay algunos sacerdotes sevillanos que ya han pedido al arzobispo partir y otros que se lo están planteando. Tengamos en cuenta que en esta archidiócesis hay mucha necesidad de sacerdotes, pero aún así, nos podemos permitir el lujo de enviar a quien no los pide, pues no lo pierde la Iglesia de Sevilla, sino que se siente enriquecida. Su labor aquí no queda desierta, puesto que a Dios no hay quien le gane en generosidad.

-¿Ha visto algún misionero salir de las cofradías o son las cofradías las que necesitan a más de un misionero?

-La cofradías son una realidad de la Iglesia y han de “sacudirse” para mirarse un poco menos hacia su interior y “salir”, verbo que le gusta mucho utilizar al Papa Francisco, a las periferias existenciales  de sus propios hermanos. Si esto lo hacen desde un culto vivo y comprometido, surgirán bastantes misioneros.

-Usted se ha convertido en uno de los predicadores más solicitados en los cultos de estas corporaciones… 

-Y le puedo asegurar que cuando voy a predicar en quinarios, triduos o novenas no son pocos los jóvenes que me preguntan qué hay que hacer para ser misionero. Claros ejemplos hay de cofrades misioneros en el Gran Poder, El Silencio o los Estudiantes, por citar algunas cofradías.

-Algo bastante curioso. Hay quien se va de misión al extranjero sin haber pisado antes las Tres Mil o el Vacie…

-Normalmente aquéllos que se van de misiones tienen antes un fuerte compromiso apostólico en estos ámbitos. No conozco todavía a ningún acomodado que sin una experiencia fuerte de fe haya pedido ir de misionero. De hecho, quienes carecen de este compromiso no suelen partir al extranjero, su inquietud es pasajera.

-¿La sociedad del bienestar se ha convertido en la del egoísmo?

-No debería ser así. Si se  ampliaran los horizontes para ese bienestar, se obtendría un resultado bien distinto, pero cuando el bienestar se acapara para unos pocos, se acaba produciendo una tristeza ávara y se crea la infelicidad de muchas personas.

-¿Nos preocupa ahora África sólo por miedo al contagio del ébola?

-Puede ser y es comprensible, aunque esto suponga una estrechez de miras. Pero quede clara una cosa: el problema de África no es el ébola ni la muerte del padre Miguel Pajares, el problema auténtico de este continente llegará cuando la enfermedad ya no sea noticia. Entonces, el primer mundo dejará de prestarle atención y seguirá volviendo la espalda a una sangrante realidad.

-El ébola mata a sacerdotes que dan su vida por los más desfavorecidos en África. En Irak los yihadistas matan a cristianos que no renuncian a su fe. ¿Es el fundamentalismo religioso la peor enfermedad del mundo actual?

-El fundamentalismo es una de las grandes tragedias para la convivencia, venga de donde venga y en cualquier época. La persecución que sufren los cristianos en Irak, China y otros países es una gloria para la Iglesia al convertirlos en mártires, pero es una vergüenza para los estados que callan ante esta realidad. Incluso para el silencio del Gobierno de nuestro país, que podría decir una palabra al respecto, al menos, de denuncia.

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