Jueves 17 de septiembre de 2015. XXIV semana del Tiempo Ordinario. Primer día del Triduo de Ntra. Sra. de los Dolores

Lectura del santo Evangelio según San Lucas   En aquel tiempo, un fariseo rogaba a Jesús que fuera a comer […]

Lectura del santo Evangelio según San Lucas

 

En aquel tiempo, un fariseo rogaba a Jesús que fuera a comer con él. Jesús, entrando en casa del fariseo, se recostó a la mesa. Y una mujer de la ciudad, una pecadora, al enterarse de que estaba comiendo en casa del fariseo, vino con un frasco de perfume, y, colocándose detrás junto a sus pies, llorando, se puso a regarle los pies con sus lágrimas, se los enjugaba con sus cabellos, los cubría de besos y se los ungía con el perfume. Al ver esto, el fariseo que lo había invitado, se dijo:

–Si éste fuera profeta, sabría quién es esta mujer que lo está tocando y lo que es: una pecadora.

Jesús tomó la palabra y le dijo:

–Simón, tengo algo que decirte.

El respondió:

–Dímelo, maestro.

Jesús le dijo:

–Un prestamista tenía dos deudores: uno le debía quinientos denarios y el otro cincuenta. Como no tenían con qué pagar, los perdonó a los dos. ¿Cuál de los dos lo amará más?

Simón contestó:

–Supongo que aquel a quien le perdonó más.

Jesús le dijo:

–Has juzgado rectamente.

Y, volviéndose a la mujer, dijo a Simón:

–¿Ves a esta mujer? Cuando yo entré en tu casa, no me pusiste agua para los pies; ella en cambio me ha lavado los pies con sus lágrimas y me los ha enjugado con su pelo. Tú no me besaste; ella en cambio, desde que entró, no ha dejado de besarme los pies. Tú no me ungiste la cabeza con ungüento; ella en cambio me ha ungido los pies con perfume. Por eso te digo, sus muchos pecados están perdonados, porque tiene mucho amor: pero al que poco se le perdona, poco ama.

Y a ella le dijo:

–Tus pecados están perdonados.

Los demás convidados empezaron a decir entre sí:

–¿Quién es éste, que hasta perdona pecados?

Pero Jesús dijo a la mujer:

–Tu fe te ha salvado, vete en paz.. (Lc. 7, 36-50)

 

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Para el fariseo, aquella mujer es la pecadora que mancha. Para Jesús, es la pecadora que ama. Para el fariseo, es la mujer de la que todos, menos Jesús, sabían quién y qué era. Para Jesús, es la mujer de la que Él, sólo Él, sabe que ha sido salvada por su fe. Aquella mujer representa para el fariseo lo despreciable, lo impuro de Israel. Aquella mujer representa para Jesús a la Iglesia que Él ama, por la que Él se entrega, a la que Él hermosea y purifica. “Grandes son las obras del Señor”: Mucho se nos ha perdonado. Nuestra vocación es el mucho amor.

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