Martes 1 de septiembre de 2015. XXII semana del Tiempo Ordinario

Lectura del santo Evangelio según San Lucas

 

En aquel tiempo, Jesús bajó a Cafarnaún, ciudad de Galilea, y los sábados enseñaba a la gente.

Se quedaban asombrados de su enseñanza, porque hablaba con autoridad.

Había en la sinagoga un hombre que tenía un demonio inmundo, y se puso a gritar a voces:

–¿Qué quieres de nosotros, Jesús Nazareno? ¿Has venido a destruirnos? Sé quién eres: El Santo de Dios.

Jesús le intimó:

–¡Cierra la boca y sal!

El demonio tiró al hombre por tierra en medio de la gente, pero salió sin hacerle daño.

Todos comentaban estupefactos:

–¿Qué tiene su palabra? Da órdenes con autoridad y poder a los espíritus inmundos, y salen.

Noticias de él iban llegando a todos los lugares de la comarca. (Lc. 4, 31-37)

 

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En el centro de tu vida, como en el centro de la narración evangélica, está Jesús. Su palabra, su autoridad, su poder. En tu corazón de creyente el asombro por lo que has visto ha dejado paso a la adoración, a la alabanza, al agradecimiento. En ti, que has creído, se ha cumplido lo que te ha dicho el Señor: su palabra te ha iluminado, su mandato te ha liberado, su poder te ha salvado. Todo tu ser se une al salmista para cantar al Señor que hay te visita con su autoridad: “El Señor es mi luz y mi salvación, ¿a quién temeré?”. No temes el poder del que te ama. “El Señor es la defensa de mi vida, ¿quién me hará temblar?”: ¡Te hace temblar el temor de no amar a quien te salva!.

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