Martes 2 de abril de 2013. Martes de la Octava de Pascua

Lectura del santo evangelio según san Juan

En aquel tiempo, fuera, junto al sepulcro, estaba María, llorando. Mientras lloraba, se asomó al sepulcro y vio dos ángeles vestidos de blanco, sentados, uno a la cabecera y otro a los pies, donde había estado el cuerpo de Jesús.

Ellos le preguntan:

– «Mujer, ¿por qué lloras?»

Ella les contesta:

– «Porque se han llevado a mi Señor y no sé dónde lo han puesto.»

Dicho esto, da media vuelta y ve a Jesús, de pie, pero no sabía que era Jesús.

Jesús le dice:

– «Mujer, ¿por qué lloras?, ¿a quién buscas?»

Ella, tomándolo por el hortelano, le contesta:

– «Señor, si tú te lo has llevado, dime dónde lo has puesto y yo lo recogeré.»

Jesús le dice:

– « ¡María!»

Ella se vuelve y le dice:

– « ¡Rabboni!», que significa: « ¡Maestro!»

Jesús le dice:

– «Suéltame, que todavía no he subido al Padre. Anda, ve a mis hermanos y diles: “Subo al Padre mío y Padre vuestro, al Dios mío y Dios vuestro.”»

María Magdalena fue y anunció a los discípulos:

– «He visto al Señor y ha dicho esto.» (Jn. 20, 11-18)

 

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Muchas veces el dolor guarda en sus entrañas, como en una semilla, la alegría y la vida. Así las lágrimas de María se cambian en gozo intenso y en alegría inextinguible. Es sólo en el dolor donde triunfa el amor y es en la entrada del sepulcro donde María descubre la noticia venturosa que cambió la historia del mundo: la Resurrección. María salió a la búsqueda de un Cristo muerto pero Él se le reveló resucitado. Quien busca encuentra, Dios se deja hallar y está siempre vivo ahí donde no parece brotar una esperanza.

 

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