Martes 8 de septiembre de 2015. La Natividad de la Santísima Virgen María

Lectura del santo Evangelio según San Mateo.

 

Genealogía de Jesucristo, hijo de David, hijo de Abrahán.

Abrahán engendró a Isaac, Isaac a Jacob, Jacob a Judá y a sus hermanos. Judá engendró, de Tamar, a Farés y a Zará, Farés a Esrón, Esrón a Aram, Aram a Aminadab, Aminadab a Naasón, Naasón a Salmón, Salmón engendró, de Rahab, a Booz; Booz engendró, de Rut, a Obed; Obed a Jesé, Jesé engendró a David, el rey.

David, de la mujer de Urías, engendró a Salomón, Salomón a Roboam, Roboam a Abías, Abías a Asaf, Asaf a Josafat, Josafat a Joram, Joram a Ozías, Ozías a Joatán, Joatán a Acaz, Acaz a Ezequías, Ezequías engendró a Manasés, Manasés a Amós, Amós a Josías; Josías engendró a Jecomas y a sus hermanos, cuando el destierro de Babilonia.

Después del destierro de Babilonia, Jeconías engendró a Salatiel, Salatiel a Zorobabel, Zorobabel a Abiud, Abiud a Eliaquín, Eliaquín a Azor, Azor a Sadoc, Sadoc a Aquim, Aquim a Eliud, Eliud a Eleazar, Eleazar a Matán, Matán a Jacob; y Jacob engendró a José, el esposo de María, de la cual nació Jesús, llamado Cristo.

El nacimiento de Jesucristo fue de esta manera:

María, su madre, estaba desposada con José y, antes de vivir juntos, resultó que ella esperaba un hijo por obra del Espíritu Santo.

José, su esposo, que era justo y no quería denunciarla, decidió repudiarla en secreto. Pero, apenas había tomado esta resolución, se le apareció en sueños un ángel del Señor que le dijo:

–«José, hijo de David, no tengas reparo en llevarte a María, tu mujer, porque la criatura que hay en ella viene del Espíritu Santo. Dará a luz un hijo, y tú le pondrás por nombre Jesús, porque él salvará a su pueblo de los pecados.»

Todo esto sucedió para que se cumpliese lo que había dicho el Señor por el Profeta:

«Mirad: la Virgen concebirá y dará a luz un hijo

y le pondrá por nombre Emmanuel,

que significa “Dios–con–nosotros”.». (Mt. 1, 1-16. 18-23)

 

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Nace la Madre del Señor. Aquel día amaneció sobre la tierra la aurora de nuestra salvación. Y esa salvación esperada, es el Salvador deseado, quien hace desbordar de gozo todos los rincones de nuestra celebración. Dichosa la niña que entra en el mundo, pequeña y bendita entre las mujeres, pues “de ella salió el Sol de justicia, Cristo nuestro Dios”. Dichoso el mundo que acoge a esta niña, pues con ella se le entrega un misterio de santidad y de gracia, y entra en la tierra un corazón en el que Dios habita como en su cielo. Dichosa la Iglesia, cuerpo de Cristo, que hoy celebra el nacimiento de su Madre, madre de los que Dios ha llamado, ha justificado, ha glorificado, porque los ha amado.

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