Sábado 7 de marzo de 2015. II semana de Cuaresma. (Quinto día de Quinario)

Lectura del santo evangelio según san Lucas

 

En aquel tiempo, solían acercarse a Jesús los publicanos y los pecadores a escucharle. Y los fariseos y los escribas murmuraban entre ellos:

– «Ése acoge a los pecadores y come con ellos.»

Jesús les dijo esta parábola:

– «Un hombre tenía dos hijos; el menor de ellos dijo a su padre:

“Padre, dame la parte que me toca de la fortuna.”

El padre les repartió los bienes. No muchos días después, el hijo menor, juntando todo lo suyo, emigró a un país lejano, y allí derrochó su fortuna viviendo perdidamente. Cuando lo habla gastado todo, vino por aquella tierra un hambre terrible, y empezó él a pasar necesidad. Fue entonces y tanto le insistió a un habitante de aquel país que lo mandó a sus campos a guardar cerdos. Le entraban ganas de llenarse el estómago de las algarrobas que comían los cerdos; y nadie le daba de comer. Recapacitando entonces, se dijo:

“Cuántos jornaleros de mi padre tienen abundancia de pan, mientras yo aquí me muero de hambre. Me pondré en camino adonde está mi padre, y le diré: Padre, he pecado contra el cielo y contra ti; ya no merezco llamarme hijo tuyo: trátame como a uno de tus jornaleros.” Se puso en camino a donde estaba su padre; cuando todavía estaba lejos, su padre lo vio y se conmovió; y, echando a correr, se le echó al cuello y se puso a besarlo. Su hijo le dijo:

“Padre, he pecado contra el cielo y contra ti; ya no merezco llamarme hijo tuyo.”

Pero el padre dijo a sus criados:

“Sacad en seguida el mejor traje y vestidlo; ponedle un anillo en la mano y sandalias en los pies; traed el ternero cebado y matadlo; celebremos un banquete, porque este hijo mío estaba muerto y ha revivido; estaba perdido, y lo hemos encontrado.”

(Lc. 15, 1-3. 11-24a)

 

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Si quieres saber que significan las palabras del profeta: “extinguirá nuestras culpas, arrojará al fondo del mar todos nuestros delitos”, mira a ese padre que espera la vuelta de su hijo, que lo ve cuando todavía está lejos, que se conmueve al verlo, que echa a correr para abrazarlo, que se le echa al cuello y lo llena de besos. Si quieres saber que significa “estaba muerto y ha revivido”, mira a ese hijo que vuelve a la casa del padre: pasa de estar solo a ser abrazado, de vestir harapos a vestir el mejor traje, de descalzo a llevar sandalias en los pies, de anillado como siervo a llevar anillo de hijo. Comulgar hoy es algo así como volver a casa, ser abrazado y revivir.

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