Martes 19 de septiembre de 2017. XXIV semana del Tiempo Ordinario

Lectura del santo Evangelio según San Lucas.

 

En aquel tiempo, iba Jesús camino de una ciudad llamada Naín, e iban con él sus discípulos y mucho gentío.

Cuando estaba cerca de la ciudad, resultó que sacaban a enterrar a un muerto, hijo único de su madre, que era viuda – y un gentío considerable de la ciudad la acompañaba.

Al verla el Señor, le dio lástima y le dijo:

– No llores.

Se acercó al ataúd, lo tocó (los que lo llevaban se pararon) y dijo:

– ¡Muchacho, a ti te lo digo, levántate!

El muerto se incorporó y empezó a hablar, y Jesús se lo entregó a su madre.

Todos, sobrecogidos, daban gloria a Dios, diciendo:

–Un gran Profeta ha surgido entre nosotros. Dios ha visitado a su pueblo.

La noticia del hecho se divulgó por toda la comarca y por Judea entera. (Lc. 7, 11-17)

 

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¿Por qué tener miedo a Dios? Se realiza el milagro y temen a lo que se puede ocultar detrás de lo desconocido. Después comenzaron a alabar a Dios. Es el recurso interesado a la religión. Como si Dios fuera una especie de luz intermitente que se apaga o enciende según el interés del orante. Pero Dios siempre ayudará a su pueblo. Él es la luz que no se apaga.

 

 

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