Martes 18 de abril de 2016. Martes de la Octava de Pascua

Lectura del santo evangelio según san Juan

 

En aquel tiempo, fuera, junto al sepulcro, estaba María, llorando. Mientras lloraba, se asomó al sepulcro y vio dos ángeles vestidos de blanco, sentados, uno a la cabecera y otro a los pies, donde había estado el cuerpo de Jesús.

Ellos le preguntan:

– «Mujer, ¿por qué lloras?»

Ella les contesta:

– «Porque se han llevado a mi Señor y no sé dónde lo han puesto.»

Dicho esto, da media vuelta y ve a Jesús, de pie, pero no sabía que era Jesús.

Jesús le dice:

– «Mujer, ¿por qué lloras?, ¿a quién buscas?»

Ella, tomándolo por el hortelano, le contesta:

– «Señor, si tú te lo has llevado, dime dónde lo has puesto y yo lo recogeré.»

Jesús le dice:

– « ¡María!»

Ella se vuelve y le dice:

– « ¡Rabboni!», que significa: « ¡Maestro!»

Jesús le dice:

– «Suéltame, que todavía no he subido al Padre. Anda, ve a mis hermanos y diles: “Subo al Padre mío y Padre vuestro, al Dios mío y Dios vuestro.”»

María Magdalena fue y anunció a los discípulos:

– «He visto al Señor y ha dicho esto.»  (Jn. 20, 11-18)

 

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De nuevo, una mujer junto al sepulcro vacío. Cristo aparece y llama a María. Enseguida la mujer reconoce la voz del Maestro. Ahora María Magdalena tiene que tomar la voz de Cristo y hacer el pregón pascual ante los discípulos. Y conocieron la resurrección del Señor no por una presencia física de Jesús, sino por el testimonio de fe de una mujer fiel al mensaje que le había sido encomendado por el Resucitado.

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